El filme “Quisiera ser millonario” ganó ocho premios Oscar, pero no pudimos comentarla en su debido momento. Corregimos esa omisión.

Los actores Dev Patel y Freida Pinto dan vida a los jóvenes enamorados Jamal y Latika en “Quisiera ser millonario”.
El joven Jamal Malik (interpretado por un correcto Dev Patel) está a punto de convertirse en millonario, pero la policía india sospecha que ha hecho trampa en el programa ¿Quién quiere ser millonario?, por lo que es torturado antes de la ronda final del concurso televisivo. Durante las torturas, Jamal comienza a contar cómo sabía cada una de las respuestas mediante constantes flashbacks a su niñez y adolescencia. Asimismo, confiesa la principal razón por la que participa en el concurso: recuperar a Latika (Freida Pinto, nueva musa de Woody Allen), el amor de toda su vida.
Este es el sencillo, pero efectivo, argumento del premiado filme “Quisiera ser millonario” (“Slumdog Millionaire”, 2008), del director británico Danny Boyle (Manchester, 1956), quien es archiconocido por su obra maestra “Trainspotting” (1996), película de culto de los años noventa que relata la filosofía de vida de un grupo de heroinómanos escoceses y que muestra los rasgos principales de la filmografía de Boyle: una fuerte influencia del videoclip, una gran capacidad narrativa, un empleo inteligente de la música y una expresividad individual muy marcada, elementos que también posee “Quisiera ser millonario”, en diferentes niveles.
Esta historia de amor sucede en la ciudad india de Mumbai (ex Bombay), que sirve de escenario a Boyle para mostrar, con la sordidez que lo caracteriza, el mundo en el que viven Jamal y su hermano Salim: la extrema pobreza, el abuso infantil, las mafias, los problemas religiosos entre hindúes y musulmanes, la sobrepoblación y la contaminación ambiental, entre muchos problemas más. Respecto a esto, se ha acusado a Boyle de retratar miserablemente a Mumbai, pero creo que el realismo crudo se justifica en cuanto sirve fielmente a la historia.
De los flashbacks de la infancia de Jamal, rescato una secuencia fecal sumamente hilarante: cuando el niño Jamal queda encerrado en un baño público y justo llega a su barrio el popular actor indio Amitabh Bachchan. Otras secuencias bien logradas son las numerosas persecuciones entre los barrios y trenes de Mumbai. El final de la película está lleno de lugares comunes que se anticipan tempranamente: el amor triunfa, el malo de la historia (Salim Malik) logra redimirse y el chico pobre se convierte en rico. Igual se deja ver.
“Quisiera ser millonario” ganó ocho premios Oscar –mejor película, mejor director, mejor guión adaptado (Simon Beaufoy), mejor fotografía (Anthony Dod Mantle), mejor edición (Chris Dickens), mejor banda sonora original (A.R. Rahman), mejor canción original (“Jai Ho”) y mejor edición de sonido– no por su calidad intelectual ni por ser una gran historia, sino por ser un producto cinematográfico de buena calidad que promueve (o vende) dos cosas muy importantes para estos tiempos de desasosiego económico global: optimismo y vitalidad.
*Publicado originalmente en el diario Expreso de Lima, Perú, el sábado 11 de abril del 2009.
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